Justicia que nos es justa, no es justicia(parte 7).

Mar 10, 2020 by

Por: José “Phepe” Giraldo Abarca

Este articulo original fue publicado por Isabel Valdes el 23 de Mayo del 2019 en el periódico “El País” de España. Lo transcribo por considerarlo de interés y porque además refleja el desgarrador padecimiento de una persona amiga que era sometida cada vez que su pareja se embriagaba. Vivió varios años bajo esa terrible condición por el temor de dejar desamparados a sus dos menores hijos. Hoy ya crecidos, tomó la valiente decisión de denunciar esos abusos. Tuvo innumerables trabas por parte de los operadores de justicia. Le decían que era legal porque era su esposo y que debia a aceptar ese “maltrato” porque no tenía forma de probarlo.

El tema está judicializado. El testimonio de la mujer que vive una situación de violencia de género, físico y/o psíquico, aunque no haya testigos y siempre que concurran los requisitos de ausencia de incredibilidad subjetiva, verosimilitud del testimonio y persistencia en la incriminación. En ese supuesto, la declaración de la mujer podrá ser prueba suficiente para fundamentar una denuncia que pueda ser amparada y conduzca a una condena. Lo contrario, al tratarse de delitos que suceden normalmente en la más estricta intimidad familiar, permitiría que estas conductas delictivas eludan la sanción penal, quedando en la más absoluta impunidad. La violencia no solo es aquella que se externa, que se visibiliza, la que requiere de una pericia médico legal, lo es también la que sin dejar huella visible, la humilla mediante actos deleznables a comportamientos que denigran su condición de mujer.

“Negar que puede existir violación dentro de una pareja equivale, según el Tribunal Supremo, a “afirmar que el matrimonio es la tumba de la libertad sexual de los contrayentes”. Lo dicta en una sentencia fechada este 21 de mayo en la que condena a nueve años de prisión por agresión sexual y otros nueve meses por maltrato a un hombre que una noche, en julio de 2014, llegó a su casa, exigió a su mujer mantener relaciones sexuales y, ante la negativa de esta, le dijo: “Es tu obligación, ya está bien de ningunearme”.

Fue entonces cuando la agarró de la cabeza, la obligó a practicarle una felación y varias posturas sexuales, le propinó varios cabezazos y bofetones “al tiempo que le decía que no servía para nada y que se moviera o le pegaba un puñetazo”. Después la penetró vaginalmente e intentó hacerlo analmente, según consta en los hechos probados en las dos sentencias previas, dictada por el Juzgado de Violencia sobre la Mujer 2 de Málaga y por la Audiencia Provincial de Málaga. Explican fuentes jurídicas que, aunque hay ya numerosa doctrina al respecto de las agresiones sexuales dentro de la pareja, “esta sentencia sienta jurisprudencia y es la primera vez que incluye una reflexión tan extensa y detallada sobre este hecho”. El motivo de esta “teorización” es doble. Por un lado, explicar a la sociedad las decisiones de la justicia de una forma clara, según las citadas fuentes. Y por otro, la “importancia de contar qué está ocurriendo en esa sociedad, que problemas se detectan desde el ámbito jurídico y cuál es la posición de la justicia”. Y recuerdan que “todavía en 2019 hay hombres que creen que su mujer o su novia son un objeto y ese objeto es suyo”. La sentencia es muy clara a este respecto: “No existen supuestos derechos a la prestación sexual. Comete violación y no está amparado por causa alguna de justificación quien, usando fuerza o intimidación, tuviera acceso carnal con su cónyuge y el vínculo matrimonial o la relación de pareja no otorga ningún derecho sobre la sexualidad del otro miembro”.

Para el Tribunal Supremo, y así lo redacta, lo que ocurrió aquella noche de julio entre aquel matrimonio —que llevaba 25 años de convivencia con “frecuentes discusiones” y continuas expresiones como “puerca, mala madre, inútil, no sirves para nada, no sabes limpiar”—, es “un grave atentado a la libertad sexual” de la mujer. Y la sentencia zanja que “no puede admitirse bajo ningún concepto que el acceso carnal que perseguía el recurrente, porque entendía que ese día debía ceder su pareja a sus deseos sexuales, es una especie de débito conyugal, como obligación de la mujer y derecho del hombre”. El Supremo, según cuenta en el fallo, no ve otra cosa que “una violación en el seno de la pareja, pese a pretéritas construcciones doctrinales desfasadas y ahora rechazadas categóricamente”. Argumentan fuentes jurídicas que el mensaje ha de ser claro y tajante: “Esto es un delito y conlleva una penalización, que sería aún mayor si la fiscalía hubiese pedido agravante de género, algo que ya ha comenzado a aplicarse”. Esta agravante también forma parte de los cambios que la que revisa el capítulo sobre los delitos sexuales en el Código Penal envió en su propuesta definitiva al Gobierno el pasado diciembre, todavía sin resolución final por parte del Ejecutivo. “Y cuando la víctima fuere o hubiere sido esposa, o mujer que estuviere o hubiere estado ligada al autor por una análoga relación de afectividad, aún sin convivencia”, apuntaba el texto. Según fuentes jurídicas, esto es “un aviso”. “La violación en pareja es un acto de dominación y machismo, nadie, en ningún caso, tiene derecho a cometer ninguna invasión sobre la otra persona”. Y concluyen que este documento no sólo explica, sino que “previene”: “Y la prevención en estos casos es vital”. LA IMPORTANCIA DE LA DECLARACIÓN DE LA VÍCTIMA.

La sentencia de la sala de lo penal del Supremo subraya la importancia que tiene en casos como este la declaración de la víctima. Y, basándose en un fallo anterior del mismo tribunal, enumera una serie de factores que determinan su credibilidad y verosimilitud. Entre ellos, la seguridad de la denunciante ante el tribunal y la concreción en el relato de los hechos ocurridos, el lenguaje gestual, que considera “de gran importancia”, la seriedad expositiva o la ausencia de lagunas y contradicciones. También que cuente “tanto lo que a ella y su posición beneficia como lo que le perjudica”. Los magistrados —el ponente Vicente Magro y el resto de integrantes: Miguel Colmenero, Pablo Llerena, Susana Polo y Eduardo Porres— apreciaron una coherencia interna en la declaración de la mujer y no encontraron ánimo de venganza ni de resentimiento ni el propósito de perjudicar al acusado”. Hoy Arlette Contreras, la persona que me motivó a escribir estas 7 notas, es congresista de la república. Confío no haberme equivocado y que con ella se continúe la labor emprendida por las excongresistas Marisa Glave, Indira Huillca y otras mujeres que sufren en carne propia el escarnio de una sociedad insensible e indiferente.  Ahora los dejo con la voz y talento de Jason Luis Cheetham Kay conocido como Jay Kay el vocalista y líder de Jamiroquai interpretando su emblemático tema “Virtual Insanity”. Enjoy it. Aprovecho la presente para expresar mi afectuoso saludo a todas las mujeres del mundo al conmemorarse hoy 8 de marzo el dia Internacional de la Mujer.

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